sábado, 3 de mayo de 2014

Rusia en América Central y el Caribe

El acercamiento de Rusia es un hecho relevante que deben ser dimensionado no como acontecimiento aislado, sino en el marco de las actuales disputadas ruso-estadounidenses: ubicados en ese plano, es posible ponderar sus repercusiones y desarrollos potenciales, y comprender cómo la geopolítica mundial se expresa también en la geopolítica de América Central y del Caribe.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

El canciller ruso Serguei Lavrov visitó Cuba y 
Nicaragua en su gira oficial a América Latina.
La cadena informativa rusa RT publicó recientemente en su sitio web tres notas poco difundidas por sus contrapartes occidentales,  tanto de la televisión como de la prensa escrita, que dan cuenta del protagonismo de Rusia en los movimientos estratégicos y rearticulaciones que experimenta el sistema internacional, en su tránsito hacia un mundo multipolar, y de las cuales ninguna región parece mantenerse al margen.

Más importante aún es el hecho de que tales notas denotan una tendencia al posicionamiento de ese país en una de las llamadas zonas de influencia natural de los Estados Unidos, y en campos que han constituido, históricamente, aldabas del dominio norteamericano sobre América Central y el Caribe. Algo que reafirman las declaraciones de funcionarios y diplomáticos rusos.

El primero de los reportes informa de un creciente interés del gobierno y las empresas rusas por participar como inversionistas en las obras de construcción del proyecto del Canal de Nicaragua, adjudicado a la empresa china HKND Group. Para Piotr Yákovlev, experto en asuntos de América Latina, el interés de Rusia en América Central se justifica porque “alrededor del canal de Nicaragua se está desarrollando un gran juego geopolítico y geoeconómico".

El segundo reporte, destaca los ejercicios conjuntos de patrullaje antidrogas que realizan este mes fuerzas policiales de Nicaragua, Honduras y Rusia en aguas del Mar Caribe –el mare nostrum del imperialismo estadounidense-, en lo que constituye un desafío a las políticas de seguridad y lucha contra el narcotráfico desplegadas por el Comando Sur, y por medio de las cuales Estados Unidos ha reafirmado su hegemonía en la región desde finales de la década de 1990. Un oficial del Servicio Antidrogas de Rusia aseguró a la agencia de noticias que “nuestra cooperación con países centroamericanos es vital y por eso hace dos años inauguramos cursos de formación de policías antidrogas en Managua, tanto para especialistas nicaragüenses, como de Honduras, Costa Rica y El Salvador, entre otros”.

Finalmente, la última nota publicada por RT informa sobre la visita a Cuba del Ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, como parte de su gira por América Latina. En La Habana, Lavrov, uno de los hombres de confianza del gobierno de Vladimir Putin, reiteró el acuerdo de condonación del 90% de la deuda externa cubana adquirida con Rusia durante la época soviética, estimada en 29 mil millones de dólares, y explicó que el restante 10% se utilizará para realizar inversiones productivas en la economía de la isla. Además, aprovechó la ocasión para enviar un mensaje directo a Washington, al condenar y calificar de “absolutamente inadmisible” el embargo económico contra Cuba,  “contra la voluntad de la inmensa mayoría de los Estados miembros de la ONU”.

Por donde quiera que se los mire, y más allá de las simpatías o antipatías que despierte el liderazgo de Putin, lo cierto es que el acercamiento de Rusia es un hecho relevante que deben ser dimensionado no como acontecimiento aislado, sino en el marco de las actuales disputadas ruso-estadounidenses: ubicados en ese plano, es posible ponderar sus repercusiones y desarrollos potenciales, y comprender cómo la geopolítica mundial se expresa también en la geopolítica de América Central y del Caribe.

Algo que tampoco es novedad en nuestra historia: en solo dos siglos de vida “independiente”, pasamos del dominio de la Corona española, al de Gran Bretaña con su diplomacia financiera, sus protectorados y sus negocios en el siglo XIX; y desde finales del siglo XX, y hasta el siglo XXI, los Estados Unidos consolidaron su hegemonía mediante la diplomacia del dólar, las cañoneras, las intervenciones militares, la guerra sucia, el mal llamado “libre comercio” y una fortísima influencia cultural.

Juan Bosch, el gran intelectual dominicano, comprendió con agudeza la importancia estratégica de América Central, y del Caribe en particular, cuando –a finales de los años sesenta- definió a esta región como la “frontera imperial” del sistema-mundo que se configuró a partir del siglo XV.

El Caribe, decía Bosch[1], “está entre los lugares de la Tierra que han sido destinados por su posición geográfica y su naturaleza privilegiada para ser frontera de dos o más imperios. Ese destino lo ha hecho objeto de la codicia de los poderes más grandes de Occidente y teatro de la violencia desatada entre ellos”. Y agregaba:

“La historia del Caribe es la historia de las luchas de los imperios contra los pueblos de la región para arrebatarles sus ricas tierras; es también la historia de las luchas de los imperios, unos contra otros, para arrebatarse porciones de lo que cada uno de ellos había conquistados; y es por último la historia de los pueblos del Caribe para libertarse de sus amos imperiales. (…) Si no vemos su historia como resultado de esas luchas no será posible comprender cuáles son las razones de lo que ha sucedido en el Caribe desde los días de Colón hasta los de Fidel Castro, ni será posible prever lo que va a suceder allí en los años por venir” (p. 64).

Una exhortación que hoy está más vigente que nunca, y que será decisiva en el análisis de nuestro presente, y en la búsqueda de opciones de futuro, en medio de las disputas de gigantes y de las nuevas fuerzas y alianzas que se agrupan en el tablero de la geopolítica mundial, que nuevamente posan sus ojos e intereses sobre América Central, el Caribe y sus pueblos.




[1] Bosch, J. (2009). De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe frontera imperial. México DF: Porrúa. Pp. 63-64.

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